Todos contra todos (8)
Tabla de contenidos en Todos contra todos
Es muy útil para entender bien este artículo que hayas leído las anteriores partes de “Todos contra todos”.
En esta era tan ‘internetizada’ en la que parece que cualquiera puede decir cualquier cosa sobre quien sea, y éste no sólo es tenido en cuenta sino que se cree a sus Palabras como si vinieran de la misma Biblia, debemos estudiar con detenimiento qué dice la Palabra de Dios sobre el tema de los falsos maestros.
¿Qué debo hacer cuando alguien advierte sobre las falsas enseñanzas y conductas erróneas de un lobo vestido de oveja? Jesús lo dijo claro: “No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos. Así que, por sus frutos los conoceréis” (Mateo 7:18-20).
El Señor nos manda a abrir bien los ojos: “Guardaos de los falsos profetas” (Mateo 7:15). Aquí la palabra ‘guardaos’ proviene del término griego proséjo que según el Diccionario Vine significa prestar atención, escuchar atentamente. En este caso la instrucción es mirar, estudiar, escuchar, examinar, poner atención a la situación en particular. Sin embargo se han llegado a escuchar ‘denuncias’ sobre algún falso maestro en las que, el que denunciaba, tergiversaba las palabras dichas por el predicador. Yo no estoy de acuerdo con los falsos maestros, pero tampoco estoy de acuerdo con los que tergiversan las palabras de los demás.
Por lo que hay que ser prudente.
Siempre que alguien me dice que tal persona dijo o hizo no sé qué, yo pregunto: “¿Lo viste y lo oíste tú o te lo contaron?”. Suele pasar que, apenas al comenzar a investigar, resulta que el hecho fue cambiando tanto de boca en boca que, cuando llegó a ti, ésta ya no tiene el menor parecido a lo que te contaron.
De manera que, por un lado tenemos las palabras de Jesús: “No juzguéis” (Mateo 7:1). Pero por otro lado también nos dice apenas catorce versículos después: “Guardaos de los falsos profetas” (Mateo 7:15).
Buenas preguntas.
Lo mejor es preguntarse: “Eso que dicen que dijo ¿lo escuché directamente yo o alguien dice que lo dijo? Eso que dicen que hizo ¿lo vi yo, o alguien que ni siquiera sé ni quién es, afirma que lo hizo? Lo que se dice sobre lo que tal o cual personaje dijo ¿realmente lo dijo, o la interpretación del ‘denunciante’ no tiene nada que ver con lo que realmente dijo?”.
Ejemplo bíblico.
En 2 Juan 1:9,10 encontramos: “Cualquiera que se extravía, y no persevera en la doctrina de Cristo, no tiene a Dios; el que persevera en la doctrina de Cristo, ése sí tiene al Padre y al Hijo. Si alguno viene a vosotros, y no trae esta doctrina, no lo recibáis en casa, ni le digáis: ¡Bienvenido!”. Notemos que en este pasaje NO dice: “Si alguien por ahí te dice que ‘fulano de tal’ ‘no persevera en la doctrina de Cristo’ ni le digas bienvenido”. ¡No, no dice eso! Dice: “Si alguno VIENE a vosotros, y no trae esta doctrina”. No es una habladuría o una opinión gratuita. Esa persona VIENE A TI con otra doctrina. Este puede ser el pastor de tu Iglesia, un libro que ha llegado a tus manos, un video que claramente no ha sido manipulado para hacerle decir algo, una predicación que tú escuchas directamente, etc.
Y también notemos que el pasaje no se refiere a un tema menor. Aquí no habla de si la mujer debe usar falda o pantalón. Si leemos unos versículos antes encontramos: “Porque muchos engañadores han salido por el mundo, que no confiesan que Jesucristo ha venido en carne” (2 Juan 1:7). Juan en su anterior epístola también advierte acerca de engañadores y anticristos. Pero ¡cuidado! El error de estos hombres no era que dudaban si los mil años del Apocalipsis son literales o no. Mira lo que dice Juan: “¿Quién es el mentiroso, sino el que niega que Jesús es el Cristo? Este es el anticristo, el que niega al Padre y al Hijo” (1 Juan 2:22).
Fuera de casa
La Palabra dice claramente que debo estar alerta ante los falsos profetas. Debo examinar y tener cuidado. Y:
1) con pruebas serias (no chismes u opinología gratuita)
2) transgresiones fundamentales de doctrina o prácticas ininterrumpidas de conducta (1 Juan 3:8,9).
Cuando alguno enseña otra cosa y transgrede la doctrina bíblica, las Escrituras ordenan: “no lo recibáis en casa” (2 Juan 1:10).O como dice 2 Timoteo 3:5: “a estos evita”.
¿Qué hacemos con Jesús?
Si la situación no cumple los dos puntos antes citados, debo tener cuidado.
Hacer un juicio u opinión sobre lo que no sé quien dice de otro, nos llevaría a arrancar las cartas de Pablo de la Biblia.
De él decían: “no conviene que viva” (Hechos 22:22), “este hombre es una plaga, y promotor de sediciones” (Hechos 24:5).
De la Iglesia del primer siglo los judíos en Roma dijeron: “de esta secta nos es notorio que en todas partes se habla contra ella” (Hechos 28:22).
Y si juzgáramos simplemente por habladurías, chismes o difamaciones internáuticas ¿qué haríamos con el mismo Jesús?. Aquellos que enseñaban y formaban al pueblo judío bajo la ley de Moisés dijeron de Jesús: “sabemos que ese hombre es pecador” (Juan 9:24) y lo acusaron directamente: “tienes demonio” (Juan 8:52).
¿Qué haríamos si ciertas personas gritan por ahí del tal Jesús: “es reo de muerte” (Mateo 26:66) porque “ha blasfemado” (Mateo 26:65)?.
¿Profeta de Dios o chismoso?
¡Cuidado!. No sea que queriendo luchar por la fe termine luchando CONTRA la fe. Como muy bien dijo Gamaliel: “no seáis tal vez hallados luchando CONTRA Dios” (Hechos 5:39).
Hay una enorme diferencia entre un profeta de Dios y un chismoso que sólo repite lo que otro chismoso le dijo que le dijo otro chismoso.
¿Tú lo viste? ¿Tú lo oíste de su boca? ¿Te lo hizo a ti o te dijeron que ‘no sé qué’?
“No andarás chismeando entre tu pueblo. No atentarás contra la vida de tu prójimo. Yo Jehová” (Levítico 19:16).
En la novena parte, si el Señor lo permite, continuaremos hablando sobre cómo tratar los errores de nuestros hermanos en la fe.
