Verdadero Adorador en mp3
Por: Casa de Oracion Mexico | Fecha: Jun 14, 2010 | Categoría: La alabanza en la Biblia | 7 Comentarios, deja aquí el tuyo

El Blog de Alabanza y Adoración de Casa de Oración México
Por: Casa de Oracion Mexico | Fecha: Jun 14, 2010 | Categoría: La alabanza en la Biblia | 7 Comentarios, deja aquí el tuyo

Por: Chuy Garcia | Fecha: May 6, 2010 | Categoría: La alabanza en la Biblia | 23 Comentarios, deja aquí el tuyo
La disciplina es una acción primordial, una demanda natural de Dios hacia todo ministro o levita responsable de oficiar el servicio de adoración al Señor. Esta clase de disciplina comprende auto negación y preparación seria, esencialmente en la oración, el estudio bíblico, y la adoración. De igual manera el levita diligente debe buscar la santidad de Dios en su vida.
Observemos lo que dice la Biblia sobre la santidad:
Ef. 5:8 Porque en otro tiempo erais tinieblas, mas ahora sois luz en el Señor; andad como hijos de luz.
Col. 3:12 Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia.
1 P. 1:15 “sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda vuestra manera de vivir”
En estos versos podemos ver que cada uno es responsable de buscar la santidad, que ésta no nos cae del cielo sino que es consecuencia de una búsqueda personal.
En 2º de Crónicas 5:1-14 se destaca la importancia de la dedicación al templo que había construido el rey Salomón, el cual se había destinado para la adoración. Los levitas debían saber que ese lugar era donde estaba su deleite destinado al gozo, como dice el Salmo 87:7:
Y cantores y tañedores en ella dirán: Todas mis fuentes están en ti.
Podemos ver aquí que el esfuerzo, ánimo y corazón de un levita es la adoración a Dios. El templo es símbolo del perdón, la gracia y la misericordia divina, por esta razón el levita debe entender claramente y enseñar al pueblo que este es el lugar en el que la oración es un vínculo para con el Padre. Te pregunto: ¿Es esta tu motivación cuando te dispones a ministrar? Recuerda que la disciplina esta unida con la consagración, y que cuando esta falta, la iglesia pasa por una etapa de esterilidad, ¡debido a la ausencia de gloria! Esto no debe ser así; el servicio tiene que ser glorioso.
En 2º Cr. 5:4 leemos lo siguiente:
“Vinieron, pues, todos los ancianos de Israel, y los Levitas tomaron el arca”.
Esto muestra que fue necesario usar las manos para tal propósito. Te pregunto: ¿Cómo están tus manos? ¿Acaso tomas de lo inmundo y luego tomas el arca? Jamás se te olvide que las manos son el reflejo de tu conducta cristiana, la cual debe ser digna del Dios al cual servimos.
En nuestra época, es un hecho, estamos frente a la adulteración de lo santo con lo inmundo, de lo que muchos músicos participan. De igual manera vemos a la iglesia participando de lo inmundo y luego llegando al lugar de reunión para “alabar a Dios” como si nada hubiera pasado, sin ningún temor de Dios en sus vidas. Lo peor de todo, es que la santidad de muchos de los llamados levitas, músicos o salmistas, está diluyéndose junto con buena la de buena parte de la iglesia.
El llamado de Dios para ministrar es primero para los levitas y sacerdotes. Observa lo que dice el verso 12:
“Y los levitas cantores, todos los de Asaf, los de Hemán, y los de Jedutún, juntamente con sus hijos y sus hermanos, vestidos de lino fino, estaban con címbalos y salterios y arpas al oriente del altar; y con ellos ciento veinte sacerdotes que tocaban trompetas”
Nuestro ministerio como levitas esta enfáticamente especificado. Sin embargo hoy en día algunos músicos no se distinguen, no se sabe si son parte del grupo o no. La falta de disciplina en sus vidas los lleva a una irresponsabilidad en su trabajo ministerial, lo que se refleja, por poner un ejemplo, en sus constantes ausencias al grupo de alabanza sin notificar. Estos aparecen de repente después de unas “vacaciones” y pretenden volver a ministrar como si nada hubiera pasado. Esta clase de músicos agreden la reputación del ministerio porque no se puede contar con ellos. Y son los indisciplinados, que hasta se autodenominan “apóstoles”, “misioneros” o “evangelistas”, dándose el lujo de adjudicarse el titulo que les place, menos el de cumplidores de su ministerio de adoradores salmistas. Esto no debe ser así, cada adorador debe estar comprometidos íntegramente, al cien por ciento, dando su vida al Señor en el ministerio donde fue establecido.
En conclusión, el capítulo que tomamos como base, muestra una estrecha relación estrecha entre el alzar la voz y la disciplina para ministrar, que se manifiesta en un crecimiento continuo. El crecimiento es una expresión de madurez en el ministerio que viene como parte de una vida disciplinada. Esto aplica particularmente al ministro, sea levita, músico, salmista, o grupo de alabanza.
Te animo a que no te estanques. Al contrario, sigue hacia lo alto, fomenta la disciplina, hazlo en unidad, recuerda que somos llamados a ser santos, apartados para ministrar, llevando los utensilios del Señor.
Por: Chuy Garcia | Fecha: Ene 10, 2010 | Categoría: Cantos | 7 Comentarios, deja aquí el tuyo
Flp 3:7 Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.
Flp 3:8 Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo…
¿Necesita Dios de nuestra adoración para preservar su gloria? No. Somos nosotros los que necesitamos de Él. Porque Él es Dios, Él es el Señor y nosotros simples criaturas necesitadas absolutamente de asirnos de nuestro Creador.
El apóstol Pablo adoraba a Dios sin importar quién era él mismo. Simplemente dejaba a un lado sus logros y sus galardones terrenales con tal de rendir una verdadera adoración, con tal de entregarse por completo al Señor. Él tenía su trayectoria por basura, que se traduce por estiércol o excremento; mientras otros, lejos de su ejemplo, la tienen por currículum.
Él es Dios y no hay ningún otro. En contraste, algunos ministerios y ministros que se engrandecen a sí mismos han sustituido la adoración, que nos lleva a humillarnos delante de Dios, por el activismo que rinde frutos terrenales como la popularidad o la fama. Esto no debería ser así.
Seamos adoradores en espíritu y en verdad, doblemos nuestras rodillas y clamemos por la misericordia de Dios. Adoremos al Rey de reyes y Señor de señores. Rindámonos delante del único que es digno… sin importar lo que somos.
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Por: Chuy Garcia | Fecha: Nov 17, 2009 | Categoría: La alabanza en la Biblia | 20 Comentarios, deja aquí el tuyo
¿Qué tanto del trabajo que hacemos los ministros de alabanza en la iglesia de hoy proviene realmente de Dios… y qué tanto proviene de nosotros mismos?
1Co 2:1-5 Así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o de sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios.
Pablo está hablando a los Corintios en medio de un mundo lleno de corrientes de pensamiento y de filosofías de origen humano. Él se deslinda de ello y deja claro que su predicación se fundamenta en el poder de Dios. El apóstol deja claro que Dios lo ha llamado a presentar estrictamente el evangelio, a dar testimonio de Cristo, a proclamar las grandes verdades de Dios.
Los que ministramos en la iglesia deberíamos tener esta claridad de objetivos. Así, por ejemplo, todo ministro entendería que su trabajo no consiste en entretener a la gente, sino en hablar la Palabra de Dios para edificación de la iglesia, para crecer en la fe en Cristo Jesús. Y es que tenemos la importante misión de ministrar de tal manera que partimos al mundo en dos, separando lo que es santo de lo que es inmundo. Cuán bueno sería que cada vez que apareces en la plataforma tu congregación tuviera la certeza de que hablarás sólo la Palabra de Dios, que ministras siempre conforme a la Biblia, no con tu propia sabiduría sino bajo el poder de Dios.
En ese marco, te aconsejo que tu ministración no sea con gritos o con cantos tan complicados o tan altos que ni tú ni la congregación los pueda cantar, y mucho menos que uses movimientos indignos. Muchos lo hacen así, imitando a los cantantes cristianos de moda, los llamados “salmistas” que andan quien los contrate para algún evento pero que dejan claro con su música y con su vida que no tienen nada de la vida de Dios. No busques, como estos, meramente emocionar a la iglesia con hermosas melodías que llegan a estar incluso cargadas de sensualidad.
Porque Dios nos ha llamado a edificar a la iglesia, a ser verdaderos adoradores y a servir a nuestra congregación, no a ser estrellas errantes, que es pura vanidad y apego al mundo. Cuídate de no hablar según tus emociones, guarda tu corazón de pensar que sabes cómo manejar a la gente, no hables demasiado porque en el mucho hablar está el pecado. Ministra bajo la dirección del Espíritu Santo. Sólo si estás nutrido de su Palabra y si Jesucristo es el centro de tu ministración serás un buen ministro.
Pablo no pretendía predicar otra cosa que a Jesucristo crucificado: que esta sea la base de tu vida cristiana y de tu ministerio. No ministres otra cosa que a Jesucristo, deja claro que Él es el Señor. Con eso estarás apartando lo carnal de lo santo. Recuerda que hemos de ministrar para que la gente se enamore de Dios, del Dios de la misericordia, del Dios de toda gracia.
No intentes persuadir a la gente a que crea por tu historia familiar ni por tus vueltas al mundo en los mejores aviones, hoteles e iglesias. De nada de eso debes hablar, sino más bien del poder de Dios. Así la iglesia se persuadirá de lo que debe: de sus pecados, de que necesita volver a Dios.
Nunca prediques sobre ti mismo, de lo bueno que eres o de la gran fe que tienes, ni de lo que te pasó y de lo bien librado que saliste de alguna situación. No hagas que a la gente le importe lo tuyo: la gente necesita a Jesucristo y a éste crucificado. Que la iglesia ponga su adoración en Él y no en el gran ministro. La iglesia debe ser ministrada conforme a la palabra de Dios.
Te quiero dejar lo que entiendo como la responsabilidad de un buen ministro, que son palabras de Pablo a Timoteo y, por extensión, para todos los que servimos a Dios y a la iglesia:
1Ti 4:13 Entre tanto que voy, ocúpate en la lectura, la exhortación y la enseñanza.
Estas son las tres cosas más importantes a las que debe dedicarse un ministro: la lectura, la exhortación y la enseñanza. La palabra debe abundar en tu corazón. Para que la fe de la iglesia no esté fundada en el pastor, en la denominación, en el apóstol o en el salmista…
1Co 2:5 … sino en el poder de Dios.
Por: Alma Suny | Fecha: Oct 17, 2009 | Categoría: Cantos | 18 Comentarios, deja aquí el tuyo
Ser más como Jesús. Esa es la motivación y la inspiración de este canto.
Nací en cuna cristiana, mis padres fueron también mis pastores. Desde pequeña me enseñaron que ser cristiana consistía en cumplir estricta y religiosamente con ciertas formas, cierto atuendo, ciertas tradiciones. Me decían una y otra vez qué debía ponerme y qué debía quitarme, que si no lo hacía no podía llamarme cristiana y mi destino sería irremisiblemente el infierno. Así que vivía en continua condenación.
Esa misma formación religiosa me llevó a creer, como ocurre con muchos creyentes, que adorar es meramente cantar melodías con un ritmo lento, alzar las manos y derramar una que otra lágrima. En lo que me enseñaron sobre la adoración no figuraba el que hubiera algún cambio en mi vida.
Nicodemo, sacerdote letrado y principal entre los judíos, conocía las leyes de Dios. Y ofrecía también sacrificios continuamente. Pero llegó el día en que se encontró con Aquel que no ve lo exterior sino el corazón:
Jua 3:3 Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.
A este religioso no le servían ahora sus títulos: estaba delante de Jesús, que lo sabe todo. Y Nicodemo mostraba sus limitaciones: ni siquiera sabía que estaba frente al Hijo de Dios, al que llama simplemente Rabí, como si Jesús fuera cualquier otro maestro de Israel, y ante quien viene impresionado sólo por sus milagros.
Creo que en nuestros días muchos acuden a la iglesia y creen adorar a Dios porque cantan, pero como Nicodemo no han nacido de nuevo. No le conocen, no le pueden adorar en espíritu y en verdad. Sólo alguien que ha sido lavado por la sangre de Cristo y ha sido regenerado puede adorar genuinamente.
Un verdadero adorador es uno al que el Espíritu Santo le ha iluminado el entendimiento y que por ello ha cobrado conciencia de quién es Él. Y por eso se rinde a Él.
Un verdadero adorador, por su deseo de conocer y agradar a Dios, acude a Su Palabra diariamente, aprende de ella y es transformado profundamente.
Un verdadero adorador se purifica. Esto contrasta con muchos músicos y ministros que sirven sin santidad y sin frutos, como si nunca fueran a rendirle cuentas a Dios.
Un verdadero adorador anda en el Espíritu y no en los deseos de la carne, manifiesta los frutos del Espíritu y no los frutos de la carne.
Un verdadero adorador reconoce sus pecados, y su corazón se duele de haberlos cometido.
Un verdadero adorador reconoce que sólo en la presencia de Dios, en intimidad con Él, queda revelada nuestra propia condición, tal como reconoce Asaf:
Sal 73:17 Hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos.
Jesús glorifica al Padre. Yo he de seguir su ejemplo. Eso me lleva a santificarme más, a apartarme para Él, a buscar su presencia. Es claro, cuando leo su Palabra, que aquellos que tienen una relación con Dios no pueden seguir viviendo como antes de encontrarse con Él, sino que le adoran con todo su ser.
Cuando finalmente conocí a Jesús, entendí que Él es mucho más que una religión o un conjunto de reglas o formas. Entendí que para conocerlo no bastaba ir a la iglesia o levantar las manos mientras mi vida siguiera dando los frutos de la carne. Entendí también que Él no vino a condenar sino a salvar, y que para ser cristiano no es suficiente con decirlo. Todo esto no era algo que pudiera concluir por mí misma, sino que vino a mi corazón por la revelación del Espíritu Santo a través de Su Palabra.
Así, tuve un encuentro con Jesús, como lo tuvo la mujer samaritana, que un día entendió que la forma en que vivía no era del agrado de Dios. Y me sentí cansada de vivir como lo hacía. Desde ese día, por su gracia, he deseado con todo mi corazón entregarle íntegramente mi vida al Señor y darle gloria en todo lo que hago.
Este canto está inspirado en eso, en que una vez que Dios me alumbró, nació en mí por su Espíritu Santo el profundo deseo de ser una adoradora de verdad.
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Por: Chuy Garcia | Fecha: Sep 28, 2009 | Categoría: La alabanza en la Biblia | 17 Comentarios, deja aquí el tuyo
Hay algunas preguntas que quisiera compartir contigo respecto al servicio que los músicos de Dios rendimos a Él en nuestras congregaciones; preguntas que ha estado retumbando en mi mente y que creo que a todos nos conviene responder honestamente.
Si somos los responsables de llevar al pueblo a la presencia de Dios, ¿por qué vemos que hay muchos entre nosotros que ni siquiera se parecen al Señor al que dicen servir? ¿Por qué muchos, que alardean ceremoniosamente de ser los elegidos para llevar el tabernáculo sobre sus hombros, no tienen un corazón enfocado en servir a los demás? ¿Por qué si dicen ser los apartados para esta tarea específica en la casa de Dios, usan su ministerio para el lucimiento personal y para recibir reconocimiento?
Sinceramente me pregunto de dónde les sale a tantos músicos cristianos la idea de que se les debe rendir pleitesía en la iglesia, o de que tienen permiso para hacer y vivir como mejor les parece –como si tuvieran fuero- sin que nadie les llame la atención o los ponga en su lugar con la debida exhortación y disciplina bíblica.
Creo que hay una respuesta para todo ello: que éstos no han estado verdaderamente expuestos a la presencia de Dios.
Cuánta falta hace que los músicos cristianos sigan el ejemplo de Daniel.
Dan 1:8 Y Daniel propuso en su corazón no contaminarse con la porción de la comida del rey, ni con el vino que él bebía; pidió, por tanto, al jefe de los eunucos que no se le obligase a contaminarse.
Aquí la palabra propuso se tradujo de un término hebreo que significa abandonar, acomodar, ajustar, considerar, dejar, determinar. Como levitas, como ministros en la casa de Dios, nos es necesario proponer en nuestro corazón no contaminarnos con las cosas del mundo por inofensivas que parezcan. Es decir, necesitamos aprender a ministrar abandonando, acomodando, ajustando, considerando lo que somos y lo que deseamos, con tal de servir al Señor con todas nuestras fuerzas, con toda nuestra mente y con todo nuestro corazón.
Daniel era un varón determinado a mantenerse fiel al Señor. Era un hombre expuesto continuamente a la mirada de Aquel a quien había decidido servir. ¿Estarán siguiendo ese ejemplo los músicos cristianos de hoy ? ¿Realmente nos estarán conduciendo a la presencia de Dios, mientras se parecen cada vez menos a Aquel a quien le cantan?
Me pregunto si estarán ministrando… o sólo entreteniendo a la iglesia, dándole a la gente algo así como comida instantánea, alimento que carece del poder y la eficacia de la Palabra de Dios… porque ellos mismos carecen de un alimento mejor. Me pregunto por qué se enfocan en arrancarle un aplauso efusivo a la congregación con tal de que se diga que la alabanza estuvo tremenda, en lugar de medir su crecimiento espiritual y el de la iglesia con base en el conocimiento de Su Palabra y en lo genuino de su adoración a Él. Sin una revisión honesta de sus motivos, la verdad, son un mero espectáculo cristiano.
Dan 1:19-20 Y el rey habló con ellos, y no fueron hallados entre todos ellos otros como Daniel, Ananías, Misael y Azarías; así, pues, estuvieron delante del rey. En todo asunto de sabiduría e inteligencia que el rey les consultó, los halló diez veces mejores que todos los magos y astrólogos que había en todo su reino.
Daniel fue encontrado diez veces mejor en todo asunto. Por su relación con Dios, este ministro suyo alcanzó tal excelencia porque propuso en su corazón, además, abandonar la idea de servirse de los demás o de sacar provecho personal de su ministerio. Fue entonces cuando Dios lo dotó de sabiduría e inteligencia.
Ojalá cada músico se propusiera también ser el mejor, no meramente en cuanto al desarrollo de su talento, sino en cuanto a lo espiritual, en cuanto a la sabiduría, al entendimiento de la Palabra de Dios y su correcta aplicación.
Si tú quieres puedes ser diez veces mejor de lo que eres ahora, esto es, no el doble o el triple sino diez veces. Eso, claro, si propones en tu corazón ajustar tu vida a las demandas de Dios. Como siervos suyos debemos ciertamente buscar ser de lo mejor en el ministerio, pero al mismo tiempo también serlo en nuestra casa, en nuestro trabajo, lo que ocurre cuando estamos continuamente expuestos a la presencia de Dios.
En su tiempo no se encontraron hombres mejores que Daniel y sus amigos en todo el país. Y todo comenzó con su decisión de no contaminarse con lo que el mundo ofrece. Sigamos ese ejemplo. Así, nuestra ministración será mucho mejor: por ejemplo, nuestra música pasará de ser meramente emocional a ser realmente espiritual.
Preparémonos en oración, escudriñemos la Palabra, invirtamos cada vez más tiempo en buscar a Dios en nuestro lugar secreto, permitamos que las pruebas y la aflicción nos lleven a confiar más en Él. No busquemos el reconocimiento de la congregación o que nos tengan en una estima demasiado elevada. Permitamos más bien que Dios siga obrando en nuestros corazones. Así, nuestra ministración será cada vez más eficaz, más poderosa, más firme y con resultados eternos. Porque entonces Dios nos estará respaldando.
Por: Julio Marquez | Fecha: Sep 11, 2009 | Categoría: Cantos | 12 Comentarios, deja aquí el tuyo
Por su misericordia, Dios ha puesto muchas cosas a nuestro alcance para que las disfrutemos, tanto en el área espiritual como en la emocional y en la material. De Él proviene todo bien, es Él quien nos provee todas las cosas, en Él nada nos falta.
Personalmente he recibido enormes regalos de parte de Dios: mi esposa, una hija hermosa, la oportunidad de disfrutar con ellas la alegría de un hogar. Todo ello no tiene precio, es algo tan valioso que, bien lo sabemos, sólo Dios nos lo puede dar. Sin embargo, aún esto no se puede comparar con el regalo eterno de poder estar en su presencia, especialmente porque sabemos que Cristo pagó un precio muy alto para que sus hijos tuviéramos el incomparable honor de rendirle adoración.
Los cristianos tenemos un privilegio espiritual que debemos valorar por sobre todas las cosas: tenemos entrada libre al lugar santísimo. El velo que dividió por tanto tiempo su presencia de nuestras vidas se rasgó, no existe más. La sangre derramada del Hijo de Dios –y ninguna otra cosa- lo hizo posible. ¡Cómo no habríamos de presentarnos delante del Padre en un sacrificio vivo de adoración!
Adán recibió de parte de Dios todo lo que un hombre necesita para vivir, pero su desobediencia lo privó de lo más valioso que tenía, lo cual no era meramente estar en el huerto del Edén, sino su relación con Dios, la comunión con el Creador del universo.
El rey David sabía que estar a las puertas del tabernáculo era ya un privilegio. Tal vez el hecho de no ser un sacerdote de la tribu de Leví lo hacía sentirse ansioso, deseoso de entrar a los atrios, de estar frente al altar de sacrificio, de pisar el lugar Santo, de abrir el velo y postrarse en el lugar Santísimo frente al Arca del Pacto.
Es por eso que David escribió:
Salmo 84: 1-2 ¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová; mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo.
Sólo de pensar que no tenía los mismos privilegios que los levitas, David estimaba sumamente valiosa la oportunidad de entrar al tabernáculo para servir al Dios Altísimo. Por eso agregó:
Salmo 84: 4-5 Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán. Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos.
David hubiera querido tener alas como un gorrión o como una golondrina para volar, para entrar al tabernáculo y así pasar inadvertido para descansar cerca del altar, para poner su nido y hacer su hogar en la misma casa de Dios:
Salmo 84: 3 Aun el gorrión halla casa, y la golondrina nido para sí, donde ponga sus polluelos, cerca de tus altares, oh Jehová de los ejércitos, Rey mío, y Dios mío.
Una vez que David entró a la presencia de Dios, no salió de ahí jamás. Su comunión con Dios fue lo más importante en su reino y en su vida como hijo de Dios. Es claro que David llegó a valorar este privilegio que Dios le dio, más que todas las cosas:
Salmo 84: 10 Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad.
Sólo un cristiano nacido de nuevo logra entender y valorar este tesoro espiritual. Y por eso puede cantar de corazón, agradecido por el privilegio de poder postrarse ante Sus pies para adorar, escucharle y contemplar Su Majestad.
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Por: Chuy Mariscal | Fecha: Sep 11, 2009 | Categoría: Cantos | 2 Comentarios, deja aquí el tuyo
La potencia de Dios, su grandeza, su fuerza, su dominio y sus cualidades son temas que, tristemente, cada vez se abordan menos cuando se trata de alabanza y adoración en muchas iglesias.
Alabar al Señor es exaltar sus atributos, lo cual se ha sustituido últimamente por temas como la alegría, que es apenas una emoción humana, algo que en sí mismo no le rinde homenaje a Dios.
Con este canto hemos querido alabar genuinamente al Señor, proclamando su grandeza y su supremacía y retomando la expresión de su gloria en Apocalipsis.
Apocalipsis 4:9-11 Y siempre que aquellos seres vivientes dan gloria y honra y acción de gracias al que está sentado en el trono, al que vive por los siglos de los siglos, los veinticuatro ancianos se postran delante del que está sentado en el trono, y adoran al que vive por los siglos de los siglos, y echan sus coronas delante del trono, diciendo: Señor, digno eres de recibir la gloria y la honra y el poder; porque tú creaste todas las cosas, y por tu voluntad existen y fueron creadas.
No nos cansemos de cantar al Cordero de Dios, de proclamar que el nuestro es el único Dios verdadero, que es incomparable. No dejemos de declarar que está sentado en un trono de autoridad, que es el único digno de ser alabado, que su grandeza es infinita y, sobre todo, que Jesús es el Señor.
¡Vamos a alabarle!
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Por: Chuy García | Fecha: Sep 4, 2009 | Categoría: Cantos | 5 Comentarios, deja aquí el tuyo
Luc 24:1-8 Pero el primer día de la semana, al rayar el alba, las mujeres vinieron al sepulcro trayendo las especias aromáticas que habían preparado. Encontraron que la piedra había sido removida del sepulcro, y cuando entraron, no hallaron el cuerpo del Señor Jesús. Aconteció que estando ellas perplejas por esto, de pronto se pusieron junto a ellas dos varones en vestiduras resplandecientes. Estando ellas aterrorizadas e inclinados sus rostros a tierra, ellos les dijeron: “¿Por qué buscan entre los muertos al que vive? No está aquí, sino que ha resucitado. Acuérdense cómo les habló cuando estaba aún en Galilea, diciendo que el Hijo del Hombre debía ser entregado en manos de hombres pecadores, y ser crucificado, y al tercer día resucitar.”
Entonces ellas se acordaron de Sus palabras.
Aquellas mujeres ciertamente amaban a Jesús. Mas, al buscar el cuerpo del Señor para ungirle, y aún siendo éste un rasgo de mucho amor, le trataban como si fuera un simple mortal. Se trataba del unigénito Hijo de Dios que había prometido vencer a la muerte, mas ellas lo recordaron sólo cuando les fue manifestado que la tumba estaba vacía.
Es posible que, aún amando al Señor, manifestemos esta misma tendencia. Por eso este canto, además de proclamar con gozo que Jesús venció a la muerte, tiene el propósito de que cobremos conciencia de quién es Él. Hoy por hoy, por ejemplo, algunos buscan a los hombres sólo para recibir sus favores… y pueden sentirse atraídos a hacer lo mismo con el Señor. ¡Esto no debería ser así! No tratemos a Jesucristo como si fuera un hombre, no lo busquemos meramente por lo que nos puede dar, y mucho menos como si Él fuera un sirviente nuestro, sino como el ser glorioso que es, ante el cual toda rodilla ha de doblarse y toda lengua ha de confesar su señorío.
Que cada vez que los cristianos busquemos al Señor, lo hagamos ante todo para rendirle el homenaje que sólo Él es digno de recibir.
Alabémosle, pues, con corazón sincero .
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Por: Chuy García | Fecha: Ago 30, 2009 | Categoría: La alabanza en la Biblia | 15 Comentarios, deja aquí el tuyo
Job 1:1 Hubo en tierra de Uz un varón llamado Job; y era este hombre perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal.
Es necesario que todo aquel que ministra en la alabanza siga este ejemplo. Hay que ser rectos, hay que temer a Dios. Hay que apartarse del mal. Es claro que cuando se trata de músicos sin temor de Dios y que no se apartan del mal, su trabajo es en vano. Estos, que no han nacido de nuevo, ni aún tienen cabida en el ministerio.
Mas ocurre, según lo he visto, que en nuestros grupos de alabanza hay adoradores que, habiéndose apartado del mal, se acostumbran a ver y a tener tanto de lo bueno de Dios que llegan a hacer de su servicio una rutina, una costumbre. Es entonces cuando dejan de buscar a Dios con pasión.
Un día, sin embargo, Dios puede tomar las vidas de estos y sacarlas del tedio. Y, a su manera, llevarlas a nuevas alturas con Él. El caso de Job ejemplifica esto: aún cuando era un varón temeroso de Dios, no alcanzó un mayor entendimiento sobre la magnificencia del Señor sino hasta que fue pasado por el fuego de la prueba. Y fue cuando expresó:
Job 42: 2-6 Yo conozco que todo lo puedes, y que no hay pensamiento que se esconda de ti. ¿Quién es el que oscurece el consejo sin entendimiento? Por tanto, yo hablaba lo que no entendía; cosas demasiado maravillosas para mí, que yo no comprendía. Oye, te ruego, y hablaré; te preguntaré, y tú me enseñarás. De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven. Por tanto me aborrezco, y me arrepiento en polvo y ceniza.
La frase clave aquí es “yo conozco”, o “es hasta ahora que conozco”. Se tradujo de una expresión hebrea que se refiere a observación, cuidado, reconocimiento, a volver al entendimiento sobre el sentido de la vida.
Muchos de los que ministran en la alabanza, tanto directores como músicos y cantores, se han olvidado de profundizar en su conocimiento de Dios. Y así, sin más hambre de Él, se aprestan a ministrar con un conocimiento limitado, basado en lo que otros les dijeron, o en lo que vieron y oyeron en otros ministerios. Algunos incluso han puesto sus ojos en otros ministros, los admiran y aún anhelan la santidad o los frutos que estos dan. Quieren alcanzar lo que otros han alcanzado, sí; pero no están dispuestos a pasar por el horno de la aflicción que afina el carácter, que nos hace sensibles a la voz del Dios al cual servimos.
Después de las pruebas, Job pudo decir “yo conozco”. Y aún pudo reconocer que, antes de aquel tiempo de dificultad, él “hablaba lo que no entendía”. De este ejemplo tenemos mucho por aprender. Tú, que ministras con la música al Señor, asegúrate de conocerle profundamente, de que tu conocimiento de Él sea mayor cada vez, que no esté basado en lo que te han contado o en lo que ves en otros. No sólo basta con que no ministres por salario, sino que debes evitar hacerlo por cualquier motivación que no sea rendirle homenaje al Único que es digno de alabar. Y sólo se puede alabar sinceramente a Aquel a quien uno realmente conoce.
Ciertamente es penoso que muchos músicos cristianos, hoy por hoy, ministran por precio o, todavía peor, se han entregado al pecado, practicando cosas que aún ni se nombran entre los gentiles, cosas indignas ya no digamos de un ministro sino aún de cualquiera que se dice cristiano. Difícilmente se podría decir de ellos que alguna vez hayan ministrado al Señor. Se duda aún que los tales siquiera sean salvos. Pero también son muchos los que, aún como cristianos verdaderos, llegan a descuidarse y a vivir su servicio sin pasión por el Señor. Y así, no glorifican a Dios, sino que utilizan el ministerio para alcanzar sus propios fines. Es entonces cuando su servicio se vuelve una pesada rutina que se vive con desgano, y llegan a ministrar a Dios sin deseo, sin preparación espiritual. Y aún se puede tratar de buenos músicos, pero bastante atrasados en lo que se refiere a conocer al Señor. Yo los he visto: incluso dicen desde el púlpito cosas imprecisas, si no es que absurdas, falsas o hasta heréticas y ni siquiera se dan cuenta. Porque no lo conocen.
En la siguiente porción de la Biblia encontramos dos cosas de capital importancia en cuanto a nuestro servicio a Dios en la alabanza.
Rom 1:21 Pues habiendo conocido a Dios, no le glorificaron como a Dios, ni le dieron gracias, sino que se envanecieron en sus razonamientos, y su necio corazón fue entenebrecido.
Estos a los que se refiere el apóstol Pablo, según se ve, no persistieron en ampliar su conocimiento de Dios y, en cambio, no le glorificaron como a Dios ni tampoco le agradecieron cosa alguna. Cuando realmente se glorifica al Señor como a Dios, por un lado, el adorador no se queda con nada de la gloria que sólo le pertenece a Él, y por otro, su servicio a Él queda centrado en la gracia de Dios, lo que da por resultado un corazón agradecido.
Músicos de Dios, hagan suya esta regla: nuestro trabajo es conocer, glorificar y agradecer al Señor. Si en nuestro ministerio dejamos de hacer estas cosas, llegará el momento en que actitudes como la amargura, la frustración o la envidia nos conducirán a ministrar sin eficacia alguna, esto es, sin poder o energía para conseguir resultados, en este caso llevar a las personas a la presencia de Dios en un cántico que realmente sea agradable para Él.
Job, como vemos, fue probado y salió vencedor. Nosotros por nuestra parte, aún cuando podamos manifestar mucho fervor religioso, es posible que no tengamos una vida espiritual muy profunda. Mas la prueba vendrá, y con ella la oportunidad de conocer más profundamente al Señor. ¿Obtendrás tú, como Job, esa victoria?
Pregúntate sinceramente: ¿conozco a Dios? ¿Lo conozco tanto como para estar frente a la congregación de sus santos, dirigiéndolos a Su presencia, ministrando? Respóndete sinceramente.
Es mi deseo que ministres a Dios no sólo porque sabes tocar o porque sabes cantar, sino porque le has conocido, porque has pasado tiempos maravillosos con Él en lo privado. Que tu alabanza en público sea resultado de tu comunión íntima con Él.
Sal 25:14 La comunión íntima de Jehová es con los que le temen, y a ellos hará conocer su pacto.
Esta comunión íntima se traduce como una comunicación privada, confidencial, en lo secreto, en la que se dan a conocer cosas importantes. En este caso lo que el Señor nos da a conocer es su propia persona, su naturaleza, sus promesas, su vida misma. Si tienes esta clase de comunión, entonces le glorificarás tal como Job lo hace cuando afirma “mas ahora mis ojos te ven”.
No te permitas ministrar desde la ignorancia. Prepárate en los dones pero, por encima de todo, no pierdas el enfoque de tu servicio. Se trata del Señor. Conócelo, aliméntate de Su Palabra. Sólo entonces serás eficaz en lo que hagas con Dios. Sólo entonces, con base en tu experiencia y en tu caminar con Él, tu vida tendrá un verdadero crecimiento espiritual. Y entonces, también, tendrás para Él una adoración eficaz y genuina. Una adoración poderosa.